DESPIECE DE RECUERDOS: LA MATANZA

En mí casa la matanza era un ritual extraño en el que se arremolinaba un montón de adultos en torno a un director de escena que pedía aguardiente y se sacaba parsimonioso de la manga un cuchillo bastante largo. En esa lucha, en la que siempre había alguien que no era capaz de sujetar bien una pata del bicho, el matachín era más protagonista que el cerdo. Con 6 - 7 años yo recuerdo la matanza viéndola a escondidas mientras un montón de gente se preparaba como lo hacen los futbolistas para salir al campo, dándose palmaditas y con miedo de que el cerdo ganase el partido. Como los toros, también había cerdos que morían matando, como aquel que escapó de la encerrona y provocó un ataque al corazón a uno de los perseguidores.

Recuerdo el olor del pelo del cerdo chamuscado, el rebusque por el suelo de las pezuñas desprendidas por el calor, o como lo tocaba después a mi antojo, cuando estaba abierto y colgado, aprendiendo anatomía antes de verla en los libros y quedándome algunas veces con un diente de recuerdo.

Unos días después el cerdo se desparramaba en el cajón de la sal, hasta aparecer en los cocidos de domingo a domingo, acompañado con gaseosa La Pitusa, y un chupito de vino Sansón al terminar.

La costilla salada que se relamía hasta el hueso, la patata esmagada con la verdura oscura, la oreja y el rabo infinitos, los trozos descosidos de carne, la gelatina de las patas y un poco de pechuga de pollo, todos esos elementos se iban sacando de una gran olla granate a rebosar de agua en la que se rebuscaba un puñado de habichuelas como se cogen los pececitos en los acuarios. El único que se libraba de ese baño era el chorizo traicionero, que iba a parte y siempre salpicaba al pincharlo, y repetía por la tarde y daba problemas en el estómago cuando jugabas en un camino solitario en el que escuchaban a lo lejos las retransmisiones de los partidos de fútbol.

El tiempo se tragó los chillidos de la matanza, que iban salpicando el barrio como tremendas campanadas de sangre, y te sorprendes ahora, poniéndole fecha en el calendario a la matanza tradicional de Lalín para poder ir a verla (el 31 de este mes en la parroquia de A Xesta).

Y cuando se es de una generación que tiene un pie en el aire y otro profundamente atascado en la tierra, hasta encuentras emocionante el despiece de un cerdo. Es inquietante pararse a conocerse uno mismo. El vídeo: visto en Capítulo 0.

The Pig & The Butcher from Quarter Productions on Vimeo.

2 Deja tu comentario pinchando aquí:

paideleo dijo...

Pois eu vivo a matanza agora de maiorciño.
Gustáronme as túas lembranzas.

Dedo en la Sopa dijo...

Xa o sei. O mandilón de faena quedábache que nin diola. :)
Un saúdo paideleo.